Monday, November 9, 2009

Joya de mi baúl: Tae Kwon Do

Una de las primeras cosas que recuerdo es que yo estaba en Tae Kwon Do o Moo Duk Kwan. Recuerdo que mi novia de 6 años iba conmigo al Tae Kwon Do (en ese entonces yo tenía 5 años... ella agarraba uno de los cojines grandes para escondernos y besarnos a media sesión de Tae Kwon Do... pero como decía doña Chonita, 'pero esa, es otra historia') y también recuerdo que el campeón mundial de Tae Kwon Do fue a visitarnos y firmó mi peto.

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Peto de Tae Kwon Do


Aun recuerdo el edificio. Éste se encontraba en una esquina de el centro de Cárdenas (Tabasco). Tenía que subir al segundo piso y, como cruzando la calle estaba el parque, la vista era genial, especialmente de noche. Recuerdo también que saliendo del Tae Kwon Do me compraban un esquimal de no sé que sabor, pero era rosa, y todos me decían que sabía a medicina pero a mí me encantaba. Ahh, las patadas, las formas, la meditación (una vez me jalaron la nariz bien gacho por haberme movido durante la meditación...); también recuerdo haber ganado en un concurso nacional cuando yo era cinta blanca haciendo la primera forma, hasta salí en el periódico y me dieron una medalla.

En fin, tantos recuerdos del Tae Kwon Do. Uno que nunca olvidaré es cuando castigaron a mi hermano mayor. Mi mamá nos esperaba en la casa a mi hermano y a mí. La muchacha nos fue a recoger, pero qué sorpresa se llevó mi mamá cuando sólo me vio llegar a mí. Le di un beso a mi mamá y me fui corriendo ansioso a mi cuarto para poder jugar. Mi mamá le preguntó a la muchacha que si por qué mi hermano no venía con nosotros y ya le explicó que lo habían dejado otra hora castigado, que lo fueran a recoger más tarde.

Resulta que ya habíamos acabado la hora y siempre se empieza y se acaba con meditación. Entonces, estábamos ya en la última meditación, todos sentaditos. Ahora, la meditación es prácticamente sagrada. Si una mosca venía y te molestaba, no te podías mover. Pues resulta que yo ya llevaba buen rato aguantándome un pedo que traía, y 'ya me había cansado de subirlo', así que, o se me salió o me lo eché descaradamente... creo que me lo eché descaradamente. Mi hermano, conociendo mi naturaleza pedorra en ese entonces, supuso bien (o más bien ya me los conocía...) que había sido yo y se empezó a reír. Acabamos la meditación, nos dejaron ir a todos, menos a mi hermano. A él lo dejaron castigado otra hora haciendo lagartijas.

¿Que si llegó enojado? Llegó enojadísimo a la casa, pero ¡quién lo manda a no respetar la sagrada meditación!

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