Monday, October 26, 2009

Nueva sección: Joyas del baúl de los recuerdos

Llevaba rato que quería escribir una que otra anécdota aquí. No actualizaba porque no sabía que había gente que viera el blog estos días... Pero visto que de la nada han aparecido seguidores y comentarios, me animo a compartir algunas de las ideas que ya traía en mente.

Hace algo de tiempo que empecé a platicar con una amiga todos esos bellos recuerdos de mi infancia... Estuvimos atacados de la risa un buen rato con todas las babosadas que me pasaban de niño, así que se me ocurrió la brillante idea de hacer una nueva sección oficial en el blog: Joyas del baúl de los recuerdos. (No sé confunda con mi caja de los recuerdos, esa caja sí existe, es una caja de tenis Nike de Scottie Pippen de como el 2000... tan padres esos tenis, blancos con negro y rojo...)

La joya de hoy se trata de cuando tenía como 5 años. Hoy voy a confesar que odio a la abejita de los Cheerios. No sé si era nuevo el producto en aquel entonces, pero me acuerdo muy bien la publicidad de la mugrosa abejita de ojos saltones echa-peditos que volaba a gorro... Los Cheerios de miel y almendras eran la novedad en ese entonces, estaremos hablando del año 1991, 1992... Recuerdo que yo veía los comerciales y yo deseaba más que nada una cucharada de ese mágico cereal. Esa abejita era mi héroe.

Un día, mis papás por fin me compraron mi tan anhelado cereal. Había aprendido en los comerciales que si comía una sola cucharada de ese cereal, podría hacer cualquier tipo de trabajo o aventura a la velocidad de la luz. En cuanto me sirvieron mi tazón de Cheerios, bien emocionado me aturré una cucharada del cereal de Speedy-Bee, me bajé del taburete y les dejé, lo que pareció para mí, una nube de humo a mis hermanos que cenaban tranquilamente en la barra de la cocina cuando hice mi sprint al pasillo. ¡Oh cuál sería mi sorpresa! Como era de noche, el pasillo estaba oscuro. No, no me tropecé, pero o iba corriendo tan rápido—casi desintegrándome—o me pusieron un nuevo mueble del cual no conocía su paradero en mi largo y oscuro pasillo que... Total, no lo alcancé a esquivar (en realidad no lo vi) y me di tremendo güamazo en la rodilla.

Mis hermanos siguieron cenando tranquilamente y yo regresé cojeando y sobándome mi rodilla, me senté lentamente en mi lugar y terminé de cenar en paz.

Maldito cereal, ni estaba tan bueno... Me gustaban más los 'fruty lupis' del tucán, el Tío Sam... ¿sí se llamaba así?

¿Lección aprendida? ¡Definitivamente! ¡Jamás volví a creer en animales que hablaban en la tele! Ashhh...



No comments:

Post a Comment